Opinión, Personal

Cambio de folio: abarcando quince años

Hoy cumplo treinta años y aparte de escuchar constantemente el “¿y qué se siente el cambio de folio?” pienso en que la treintena se ha pasado realmente volando. En estos momentos recuerdo hace quince años atrás, en el Ariel inquieto, miedoso por el futuro y que, bajo una fachada de estar seguro de sí mismo, en su mente pensaba cuándo se desmoronaría aquel castillo de naipes que era su vida.

En el liceo no faltaban los temas de conversación sobre qué seríamos en el futuro: si psicóloga, enfermera, diseñadora, abogada, doctores y/o abogados. Yo quería ser marino de la Armada, vivir lo más rápido posible, jubilar joven y tener una casa, una esposa, dos hijos y un perro.

-Pero Ariel, entrar a esa mierda no es fácil– dice la señorita X.
-Lo sé, pero entonces algo con lo que gane plata rápido.

Nos graduamos de cuarto medio y no quedé en la Armada por tener la laringe chueca y ahora que lo pienso… ¡qué forma más imbécil de no quedar en una institución!. Si ya en esos tiempos pasé el examen físico y psicológico, incluso el de visión con un astigmatismo que ya hacía acto de presencia van y me dicen que quedé rechazado por deforme.

Elegí estudiar ingeniería en informática para ganar plata rápidamente una vez egresado. Y esta parte de la historia la digo siempre en mis charlas con estudiantes secundarios, charlas que por si no lo saben forman parte de mi actual trabajo. Levantarme era realmente una tragedia ya que tenía que viajar lejos, soportar a gente que tenía poco o nada en común, soportar profesores que dictaban una materia que no podía entender. Le dije a mis padres que no podía seguir así, que me disculparan pero debía ser periodista a cualquier costo, y ese costo lamentablemente saldría de sus bolsillos. Mamá, papá, perdónenme, nunca estaré lo suficientemente agradecido por pagar esa deuda innecesaria y amarga como lo fue la ingeniería.

Me preparé y me fue bien en la prueba de ingreso a la universidad. Estudiar periodismo en una universidad con tradición social fue el principio de que la vida se ponía de a poco más interesante. De más está decir que fui plenamente feliz estudiando, hacía, desasía y decía lo que quería, me celebraban todos mis trabajos y me iba bien. Es en este punto de la historia en el que quiero dejar en claro algo: nada cambiaba en mi cabeza, en la mente de este Ariel seguía pensando cuándo se caerá el castillo de naipes.

En medio del estudio, la duda y crisis existencial entré a trabajar en un supermercado. Jamás estaré lo suficientemente agradecido de la vida por poner a esas personas de ese trabajo en mi vida, los atesoro a cada uno de ellos y son personas con las que formé lazos inquebrantables. Con ellos realmente aprendí todo lo que soy ahora, a desenvolverme en cualquier ámbito no importando las vicisitudes del camino y a pesar de todo seguir adelante. Mención aparte se merece el incendio que afectó mi ciudad, mi casa y mi vida, en donde se conjugó de manera literalmente mágica mis tres mundos: el mundo personal, el mundo del trabajo y el mundo de la universidad. Me sentí tan querido como nunca y marcó la seguridad en que desde ese punto en adelante si me caigo tendría suficientes manos en donde agarrarme y seguir adelante.

Pasaron los años, me titulé y salí del trabajo en el supermercado. Estuve cesante, sufrí, caí, me levanté y seguí adelante. Ahora que me va bien no me quejo de nada, pero me da curiosidad los treinta años que siguen a partir de hoy.

Con treinta otoños a mis espaldas puedo decir que realmente crecí y que con este ejercicio de mirar el camino recorrido me doy cuenta que nunca se trató de crecer año a año, si no de conocer personas, enfrentar problemas y vivir de la mejor manera posible.

Literatura, Ocio, Opinión, Personal

El sueño y dos comentarios

Es chistoso. Tenía programado un análisis de dos películas las cuales tenía la intención de ver de un viaje pero me fue imposible, incluso está lista la introducción y maqueta del texto y no pude con ellas porque sean malas, simplemente no las vi ya que me quedo dormido. Y me está pasando con todo: libros, videojuegos, música y todo el ocio que cabe en mi pieza.

Esto me está preocupando, la última película completa que vi fue La Doncella (2016), un thriller muy erótico y exquisitamente filmado. Esto fue a principios de marzo, me mantuvo pegado a la pantalla por lo intrigante de su trama y pegado al control remoto al bajar y subir el volumen por los gemidos de la película.

También me demoré casi un mes en terminar “El secreto de Christine” de Benjamin Black, seudónimo de John Banville. Y creanme que es un excelente libro pero aun así el sueño pudo más y la lectura se prolongó mucho más de lo que correspondía. Banville escribe como los dioses, no hay nadie quien dude de ello, pero cuando viste de Benjamin Black sale de su pluma descripciones, tramas, personajes complejos y completos que se agradecen enormemente en el mundo de la novela negra. Y sobre esto último, “El secreto de Christine” me parece de lo más atípico pues no hay detectives ni asesinatos macabros, mas hay drama y miseria humana que envuelven las apariencias y el egoismo de una sociedad creyente. Este primer libro de Quirke me dejó plenamente satisfecho y ojalá la serie de novelas mantenga esta calidad incuestionable.

Y eso quería relatar. Mi sueño es una mezcla de cansancio, estrés y cambios de horarios, nada del otro mundo y lo típico de una vida adulta.

Personal, Relatos

Cuento: La mujer, el ascensor y el espejo

Seguramente Daniela no olvidará lo acontecido ese 23 de marzo. Se levantó, se duchó, se quejó y emprendió en ayunas a su trabajo. Cabe destacar que trabajaba en el edificio de la intendencia de lunes a viernes, de nueve treinta a diecisiete horas. “Soy funcionaria pública, no gano tanto como ustedes piensan pero no me quejo por la plata, no. Me quejo del lugar, de las oficinas, de ese ambiente asfixiante que es trabajar en módulos separados el uno del otro, verificando una y otra vez los mismos papeles”, sentenció.

Esteban, el portero que pide a cada uno de los que asisten al edificio, la saludó como todos los días desde hace trece años. Sonrieron, se miraron y no notó nada extraño en ella. Daniela entró al ascensor y Don Andrés, quien controla el ascensor del edificio, no tuvo necesidad de que le indicara el piso al que se dirigía la señorita. 1… 2… 3…

“Este caso no es tan extraño como lo parece. De repente puede ser algo que se ingirió pero la mayoría de las veces es algo mental, un estrés que desemboca en sensaciones de malestar. En ocasiones puede incomodar a los más cercanos de nuestros pacientes” afirmó la doctora Patricia Cortez, psiquiatra de la Universidad Católica y especialista en este tipo de casos.

5… 6… 7… Don Andrés empieza a notar algo en su hombro. Daniela empieza a tirar del uniforme del funcionario con brusquedad. Se da vuelta y la encuentra con los ojos mirando al cielo, balbuceando y tironeando su chaqueta. “Llevo cuarenta años subiendo y bajando personas de este edificio, y le juro que es la primera vez que me pasa esto. La señorita Pérez estaba como ida, sudaba y pedía con sus ojos auxilio. Inmediatamente paré el ascensor en el piso 8. Me creería usted que lo qué pasó después fue todo tan raro… O sea, ella se tranquilizó, como si no hubiera pasado nada de nada. Raro, que quiere que le diga” dijo extrañado.

“La verdad no recuerdo nada. Estaba parada, aburrida de lo mismo y en un pestañeo me encuentro rodeada de gente que no conocía. Me preguntaban si estaba bien, si pasaba algo raro y yo no sabía que responder”, sostiene Daniela con total naturalidad.

Lo curioso es lo que empezó a pasar en los días siguientes hasta hoy…

– Sí, es raro. Todos los días me pasa. Subo al ascensor y por unos segundos soy otra persona. Sé que son solo unos segundos pero vivo otra vida.

¿Cómo es eso?

– Soy Daniela, vivo en el mismo departamento y tengo el mismo trabajo, pero hay diferencias que son necesarias constatar. En primer lugar tengo marido y un hijo de cinco años… me da vergüenza relatar esto, pensarán que estoy loca… en fin. En aquella vida llevo casada diez años. Aquella Daniela del espejo

¿Del espejo?

– Sí, así la llamo a esa vida. No me interrumpa por favor. La Daniela del espejo está casada y tiene un hijo, los nombres son relevantes en mi vida así que los mantendré en reserva. Bueno, aquella es una familia típica chilena, diría que son hasta una familia afortunada al tener todo lo que quieren. Esa Daniela incluso se da el lujo de tener un amante con el cual se junta en el horario de colación. Todo esto lo sé porque en los lapsus que me da en los ascensores vivo dentro del espejo días, meses, o incluso son pequeños momentos en donde la mayoría de las veces tengo relaciones con mi amante o con mi marido. Una vez fueron años y me dio shock al volver a esta realidad.

¿Y usted tiene control sobre esta “Daniela del espejo“?

– Para nada, sino no hubiera formado familia o tener un amante. Ahora que lo dice mientras estoy dentro del espejo no soy consciente de que vivo algo irreal. ¿Pero sabe? Independiente de lo emocionante que parezca el vivir otra vida soy igual de infeliz al otro lado. Tener un amante, un hijo y un marido es monótono para la Daniela del espejo. Ella no se emociona con criar y ser mamá. No sé si decirlo acá pero en el fondo odia a ese niño y a su esposo por hacer su vida “típica”.

¿Sabe si esto le pasa a otra gente? ¿Aquello de vivir “otra vida”?

– No lo sé. Pero me apena todo esto la verdad. Si bien tengo la capacidad de vivir en el espejo no me puedo sacar de la cabeza lo infeliz que es esa mujer odiando y criando, acostándose con su marido y su amante. Yo… no quiero…

Daniela se levantó de su silla y corrió al baño. En una carta llegada posterior a la entrevista dijo que omitiéramos lo que sucedió después.

Actualmente Daniela está inubicable. En su trabajo y en su departamento dicen que no la han visto por semanas y uno de sus parientes contó en off que se fue de viaje. La doctora Patricia cree que sufre un caso de stress post-trauma. “¿Acaso cree que después de lo que todo ella contó su vida sería normal? ¡Pues claro que no! Pero descuide, ya volverá y seguiremos con su tratamiento y todo volverá a ser normal en su vida”.

Eso esperamos.

Amor, Personal, Trabajo

Dulce y agraz 2017

  • Viajé en avión por primera vez: +1 punto
  • Recorrí otro país por primera vez: +3 puntos
  • Comí cosas que en mi vida había probado: +1 puntos
  • Quedé cesante y con el dinero justo luego de ello: -2 puntos
  • Aprendí a tenerle miedo a la cesantía: -1 punto
  • Los libros fueron mi vía de escape y cordura en mis seis meses sin trabajo: +1 punto
  • Me llamaron de donde hice mi práctica para realizar un reemplazo temporal: +1 punto
  • Por circunstancias del destino me ofrecieron pega en la misma organización: +1 punto
  • Es harto el trabajo, pero me gusta: +1 punto
  • Lidiar nuevamente con profesores y alumnos: -1 punto
  • Ser jefe de un grupo que estará a tu cargo: -1 punto
  • Que te digan que eres un buen jefe: +2 puntos
  • Quedar soltero: -1 punto
  • Quedar soltero: +1 punto
  • Leer demasiados libros buenos en el año y, sobre todo, leer más que nunca en tu vida: +2 puntos
  • Odiar navidad y año nuevo: -1 puntos

Total: 7 puntos

El año 2017 fue un buen/mal año, no tan malo como el 2014 y no tan bueno como el 2013 pero si fue el año en que experimenté incontables experiencias por primera vez. El hecho de viajar, leer y comer apaciguó lo que vendría después en seis meses de cesantía, tiempo en el cual la rutina me mató y miraba con temor un futuro muy incierto que, como todo en la vida, se solucionó solo.

Esto último me recordó una enseñanza que se la oí a un profesor que estaba loco en la Universidad Federico Santa María que decía más o menos así:

En la vida existen tres tipos de problemas. El primero es el problema pequeño que, si se deja solo, se resolverá con el tiempo y alguien o algo lo solucionará.

Existe también el problema grande que es tan inmenso que no tiene solución.

Por último está el problema mediano que si se deja tranquilo por un tiempo se convertirá tarde o temprano en un problema grande o pequeño.

Creo que mi cesantía pertenecía al grupo de los problemas medianos.

¿Qué espero para este 2018? No lo sé, pero dudo que sea más interesante que el pasado año, en donde mis emociones realmente eran una montaña rusa que no paró hasta el último día. ¿La pasé bien? Sin lugar a dudas. ¿Volvería hacer las mismas cosas que hice? Siempre, eso no se discute. ¿Y en el amor? Chúpalo.

Literatura, Periodismo, Personal

Divorcio en Buda de Sándor Márai

Nota: Escribí hace seis años esta crítica y la tenía en borrador. Probablemente la dejé en ese estado para presentarla en el ramo de “Periodismo de opinión” y (creo) aprobé con buena nota.

Divorcio en buda_Autores_Sobrecubierta_131x205La editorial Salamandra es mucho más que Harry Potter. Últimamente me ha regalado delicias en forma de libros, tales como “Balzac y la joven costurera china” de Dai Sijie, “El curioso incidente del perro a medianoche” de Haddon . Pero luego vino Sándor Márai y el realismo se volvió en mi muy introspectivo.

Estaba hablando con mi librero para que me recomendara un libro que me haga llorar. Siempre pido lo mismo por lo demás y él se queda mirando, buscando en mis ojos la respuesta certera. Me recomendó que leyera a Sándor Márai, cualquiera de sus libros; no me aseguró que lloraría pero sí que me haría pensar más de la cuenta. Lo logró con el primer libro que compré del autor: Divorcio en Buda.

El relato trata de Krístóf Kömives, un juez de Budapest amante de la rutina hasta decir basta. Tiene una familia bien constituida, una esposa que ama y una situación económica y social nada envidiable. Cierta tarde, tras vislumbrar un caso de divorcio particular que debía llevar, empieza a recordar su vida, sus amores, sus gustos y su intimidad. No se arrepiente de nada pero si le hubiese gustado disfrutar más de aquellos momentos. Pero al caer la noche, luego de una fiesta con su señora y amigos cercanos, se encuentran con un conocido doctor en su casa, esposo de Anna Fazekas, la mujer que conoció tiempo atrás y que debía divorciar. Y pasan toda la madrugada hablando de aquella mujer, de coincidencias y fatales desenlaces.

El libro se divide claramente en dos partes: la vida del juez  y la discusión con el doctor Greiner aquella noche. Pude experimentar bajo la pluma de Márai sentimientos sensatos de personas adultas y maduras, no hay tiempo de cursilerías ni triangulaciones amorosas sosas. En “Divorcio en Buda” se aprecian la emoción  en las relaciones personales. La falta de un espacio para arrepentirnos de lo que no se contó es simplemente conmovedora, ya que siempre queda muy poco tiempo por vivir.

Sándor Márai me produce la misma impresión que al leer obras de Yasunari Kawabata, aquella sensación de paz y tranquilidad en medio de turbulentas emociones. Me encantó la novela pero no sé a quien se la podría recomendar. Tal vez a aquellos cansados de presenciar las mismas historias bucólicas de siempre.

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Leer más que nunca

Cuando pequeño preguntaba a los mayores qué era más fácil: si leer o escribir. Todas las respuestas que recibía era la misma “ambas”. ¡Qué mentira más grande! Así que niños que lean esto, si es que los hay, la respuesta es sencilla: leer es más fácil que escribir y, por de pronto, más placentero.

¿Y a qué se debe esta presentación? Resulta que este año he vivido de manera intensa, he podido viajar, querer, odiar, sufrir y reír, y en cada uno de esos momentos me ha acompañado un libro. Basta decir que he leído como nunca y ahora que tengo trabajo no hallo la hora de llegar en la casa y zambullirme en el placer que me está provocando leer.

Siempre he sido lector, pero la dupla de Pierre Lemaitre y Jo Nesbo me sacó de una verdadera sequía literaria, sobretodo el primero que ya me leí toda su bibliografía en menos de un año. Libros como “Nos vemos allá arriba” o “Alex” han devuelto en mi las esperanzas que los libros me vuelvan a entretener como antes.

Y eso. Necesitaba escribirlo en alguna parte que no sea las redes sociales y me acordé de que tengo un blog.

Blog, Libros, Literatura, Personal

La cesantía y nuevo proyecto

Como siempre que recuerdo que tengo un blog pienso en que ha pasado mucha agua bajo por lo que resumiré a tres puntos:

  • Sí, estoy cesante desde finales de diciembre. Desde el verano del 2009 que no había parado de trabajar.
  • No, no estoy tranquilo. La angustia al despertar y el exceso de tiempo me perturba. Algo que anhele tanto y que ahora lo tengo en demasía es tragicómico.
  • El tiempo en que he estado cesante me ha servido para viajar a otro país con mi novia* y leer mucho.

De esto último nació el blog “Vuelan las hojas”, un espacio en donde voy reseñando de manera humilde los libros que me parecen relevantes y trato de escribir semanalmente al menos un libro.

Y eso, con bombos y platillos los invito a pasar a mi cuchitril literario:

Vuelan las hojas… Reseñas literarias como vía de escape.

*: Prometo escribir acerca de ese maravilloso viaje. 🙂