“Sonata Lunar I”

-¡Rápido que no escape!

-¡Se fue por el tejado del ala oeste, mátenlo si es necesario!

Me preguntaba que tan repetida eran esas frases, ¿acaso esos guardias leían muchas novelas de aventuras?, probablemente su anhelo era decir esa oración cliché en el momento o algo por el estilo. La cosa iba bien, y el plan estaba resultando tal como lo planeaba, me disfrazaría para ser irreconocible por la guardia real, en medio del desfile en honor a su majestad me escabulliría por el tejado, probablemente nadie se percataría, y en el instante oportuno salto al carro principal y de un estoque mato a mi reina. Lástima que no contaba con un guardia más inteligente de lo común y un disparo certero en mi codo izquierdo.

dsc_0040Estaba cansado, tenía sed y hambre. Me escabullí en una ventana abierta entremedio de los callejones de la ciudad. Había una bella mujer preparando la cena.

-Mujer, deme algo de beber y un pan- dije esto mientras mi espada se posaba en su cuello.- ¡Rápido que no tengo tiempo!…

-¡Si!- fue lo púnico que logró sacar de su boca

-Haga lo que digo, ¡rápido!

No les mentiré, la maté. No piense que sea un asesino, no. Es que cometió el ligero error de verme sin máscara, habiéndole advertido de antemano que no me vea y ese ligero punto no estaba en mis planes. Zambullí el pan y bebí el agua casi con desesperación; correr por los tejados de esa manera de verdad me cansó, pensaba que la guardia aun me estaría persiguiendo y traté desde ahí ser lo más sigiloso posible. Desde la ventana que daba el sur me percaté que era fácil saltar hasta el carro de mi objetivo. De fondo se oía el discurso en la propia voz Reina:

… naciones nos envidian, imperios han caído mientras el progreso va inundando las calles de este reino; ¡Estamos de fiesta! En mi honor, que también son sus honores, levantaremos Tlön a la gloria…

Por obvias razones no le puse atención, ya que era parecido a ese texto escolar básico que nos entregan en la escuela, ese texto que exacerba el patriotismo que en contadas veces lo necesitábamos, supongo que esta era una de esas “contadas veces”. Faltaban cinco minutos para que el carro pasara al frente de la ventana, y volvía a repasar paso a paso el plan en mi mente… y llegó el momento.

Salté, en un santiamén maté a las dos torres humanas que tenía como guardias de compañía. El discurso paró junto con la fila de carros que danzaban con aquella voz. De repente todos los francotiradores apuntaban mi cabeza mientras en un acto de reflejo me escudé con lo más cercano que tenía, el cuerpo de aquella mujer.

-¡No disparen!… ¿pero que tenemos acá? ¿Acaso no es otro de los idealistas que…?

-¡Cállese!- reaccioné.- La política y los ideales son muy simples para esto.

-Esa voz… pero… ¡sácate esa máscara y el sombre…!

-Amor, nos iremos al mismo infierno.

Un pensamiento en ““Sonata Lunar I”

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