Acerca de Ariel

Soy un ocioso, canalla, vengativo, lleno de celos, irónico, inseguro de sí mismo, posesivo a morir y muchas cosas más que no te gustarían de mi :)!

Yo no fui el que escribió

Semana de mierda, pues durante casi cuatro días seguidos trasnoché y me volví loco. Literalmente.

Miraba la hora y decía:

Ya, a las (poner una hora que sea múltiplo de cinco acá) empezaré el paper.

Eran cerca de las cuatro de la madrugada del miércoles, debía entregar un informe a las 9 de la mañana y no había avanzado nada. Me quedé dormido.

Acá empieza el realismo mágico de la historia. Resulta que desperté a las siete de la mañana en punto y observo la pantalla del computador: había terminado el informe. Me cuestionaba que cómo era posible, pues no llevaba casi nada escrito y si acaso fue un fantasma quien me lo terminó. Pero no.

Empecé a recordar que estaba escribiendo y tomando bebida a oscuras, recuerdo también que bebía de un vaso que estaba vacío y aun así ejecutaba el gesto de llevarlo a mi boca. Rememoro también que escribía contento, como si no me preocupara de nada.

Concluí que estaba tan estresado que mi organismo me dejó descansar, mientras inconscientemente mi mente y mi cuerpo trabajaron solos. La falta de sueño sumado al terror que genera ser responsable me jugaron una terrible pasada.

Desde que era niño que no sufría ataques de sonambulismo.

Abraham me besó la mano

Sucedió el día de ayer. Venía saliendo de dar clases de guitarra a unos compañeros, cuando me da por ir  al trabajo para verificar el horario de esta semana. Tras conversar por una hora y media con mis colegas me fui rápido del lugar debido a que una cliente venía llorando advirtiendo: “Los pacos se están acercando pah’ca con lacrimógenas”.

Eran más o menos las nueve de la noche, hacía una temperatura agradable con el típico viento de otoño que se mezclaba con el polvo lacrimógeno. Desde la salida del trabajo, una cuadra a la izquierda, se encuentra un carro de comida rápida muy peculiar pues está pintado con alusiones marxistas y socialistas del siglo XX. Los sándwich que venden son los típicos completos italianos o churrascos pero se denominan “proletario” y “revolucionario” respectivamente. Me dio hambre y me acerqué.

 

-Buenas noches, me da un proletario- Dije, dudando si decir un completo italiano o su denotativo.

 

-¡Un proletariado para servir! ¿Cual es su nombre compañero?

-Ariel.

Lo dije sin pensar, pero acto seguido anotó mi nombre en un cuaderno rojo. Me recordó a ciertos relatos de la República Popular China, de quienes inscribían en el partido comunista a gente ignorante por una bolsa de arroz o un paquete de fideos, con desenlaces fatales en las historias. De repente se acerca una persona empapada y ebria por la espalda.

-Estos weones te piden el nombre, ¡¿Acaso no saben que tenemos dignidad?! Yo vengo acá a pedir un pedaso de pan por que soy pobre y me piden el nombre.

 

-Es el nombre no más, no sé si es importante pero es necesario. ¡Imagínese si todos nos llamáremos Salvador o Augusto!

-Tienes razón, pero aun así tengo hambre, los pacos me mojaron y yo acá, ebrio. ¿Le podrías decir a la vieja de la cocinera que me de un pan? Por la revolución digo yo.

-Mmmm no. Hagamos esto mejor, digo que me partan por la mitad el “proletario” y lo compartimos

Y eso pasó. Me dió la mano y llevándosela a su boca la besó. Todo eso parecía que era la más normal del mundo y creo que realmente era así. Nunca se sabe como reaccionan los ebrios pues cada uno reaccionan de manera diferente. Yo por ejemplo me pongo sarcástico y cruel pues saco en cara cosas que tenía guardada para incomodar a mis amistades.

Cuando cada uno le estaba poniendo los aliños a su pan, se me acerca emocionado y otra vez me agarra la mano.

-Me llamo Abraham.

 

-Y yo Ariel.

Y nos fuimos cada uno por su lado. eso si, admito que quedé con hambre.

La humildad

Estaba un estudiante de periodismo en vacaciones meditando cuando de repente tocan a su puerta. Se levanta del wáter, no sin antes limpiarse, y abre la entrada de su morada.

- Buenas tardes, queremos compartir la palabra del Señor.

- Me parece, quiero hablar del valor de la humildad.

- ¿La humildad? Jesús gracias a su humildad salvó a toda la humanidad.

- Disculpe, pero proclamarse “Hijo de Dios” es lo menos humilde que un hombre puede decir.

Acto seguido, el amargo estudiante se despide educadamente, dando a entender que estaba por hacer algo de suma importancia, aunque sea mentira, no sin antes decirse a si mismo:

- No conozco a ningún hombre que haya cambiado el mundo siendo humilde, weones.

Dos ejemplos de no saber leer

Siempre leí con dudosa sospecha que los chilenos somos incapaces de leer bien o el simple hecho de seguir instrucciones, pero de un tiempo a esta parte puedo asegurar que eso es cierto.

Hace más o menos cuatro meses trabajo en modalidad part-time en un supermercado y es increíble las veces que a uno le preguntan el precio de un producto, estando señalado de manera clara abajo de este. La semana pasada sin ir más lejos me di el trabajo de enumerar cuantas veces me consultaban el precio y fue la despreciable suma de 27 veces. Como el cliente siempre tiene la razón, o sea es infalible y envidiable para los que trabajamos, pongo mi mejor sonrisa cuando sucede esto:

-Perdone, ¿Qué precio tiene este producto?

Pongo mi mejor cara, veo que producto es, salgo de lo que hago en ese momento, me dirijo donde está ese producto, me agacho para rectificar que esté el precio y con la voz mas amable que mi garganta conoce digo:

-El Diente de dragón sale mil trescientos noventa pesos.

-Ahhh disculpe, no me había dado cuenta que estaba ahí, gracias.

Y sin darme tiempo para un “no hay de que”, “para eso estamos” o “no se preocupe, es nuestro trabajo” se va, así sin más.

El-cliente-siempre-tiene-la-razonOtra cosa es cuando preguntan sobre un producto, por lo general trabajo en la sección de frutas y verduras dos días a la semana, el resto estudio y me desligo totalmente. El problema viene cuando la gente cree que por que uno trabaja ahí debería saber el lugar exacto en donde está ese producto, habiendo letreros grandes en los que indica en donde se encuentra, y si no están deberían estar en el segundo piso. Pero no, el cliente le preguntan al pobre asalariado muerto de hambre en donde está el papel higiénico y mi respuesta en el 90% de los casos es la misma: Está en el segundo piso. El cliente dice “ahhhh que flojera” y se va.

Algo está mal, no puede ser la gente tan tonta y floja, no puede ser que en la entrada de personal en mi trabajo halla un letrero gigante diciendo “1) El cliente siempre tiene la razón 2) En caso que no lo tenga remítase al primer punto”. Eso es tan falso como que yo soy perfecto, cometo errores pero por la puta que soy mejor que la mayoría que va a comprar mis frutas y verduras.

Falta un poco más de sueño

Tras despertar de un sueño intranquilo, y de paso verificar que no me había convertido en un insecto, tuve la extraña idea de que me estaba haciendo con el paso de los días más tonto, y es que estos meses sin ir a la universidad a causa paro estudiantil han hecho que releyera la materia de teoría del periodismo hasta antiguos textos de la enseñanza media que creía haber olvidado. Todo esto como a las cinco de la mañana.

Las veces que me despierto en la madrugada por lo general no puedo volver a dormir no sin antes hacer algo, cualquier cosa.  Para mi internet se vuelve aburrido desde las tres de la madrugada, por lo tanto prender el computador no es una alternativa por lo que me pongo a leer diferentes libros de cuentos que aun no acabo. Eso es lo bueno de los cuentos, se terminan rápido y no te cuentan subtramas innecesarias ni los muebles que presencian los hechos importantes de la acción.

Otra cosa es que ahora último me despierto con sensaciones diferentes, ya sea soledad, miedo, pena e incluso melancolía; sensaciones que, por desgracia y con el paso de los años, uno aprende a vivir con ellas. Voy creciendo, y por más que me valla bien en la vida son esos pequeños detalles los que impiden disfrutarla a pleno, sueños en los que me replanteo situaciones incomodas y solo me hacen pensar más de lo estrictamente necesario.

Pero mientras yo acá, son las cuatro de la madrugada y me da por escribir esto.

5 canciones culpables que me dan vergüenza admitir que me gustan

Hace tiempo tenía ganas de escribir esta entrada, más que mal para sacar un peso a mi conciencia y admitir de una vez por todas lo mucho que me gustan estas cinco canciones. Es probable para quienes me conozcan en persona que despues de esto me miren raro, pero es un riesgo del cual estoy dispuesto a correr. ¿Empezamos?: Sigue leyendo

El “Fa-sci-nan-te” mundo de las verduras

Hace casi un mes estoy trabajando en un supermercado de mi ciudad. Todo comenzó mientras hablaba con dos amigos a la vez, una me decía que no podía encontrar trabajo y el otro que trabajaba mucho y no le alcanzaba para lo que el quería, por cosas que hasta el día de hoy me cuestiono le pregunté a mi amigo asalariado si era muy difícil entrar a trabajar en el supermercado.

-¿Necesitai trabajo?- me dijo, podía leerlo incluso como preocupado.

-No realmente… solo curiosidad.

-Bueno… sí, es complicado, y si no es con pituto (1) lo es más… ¿Pero estas necesitado de plata?

-No… O sea con esto del paro estudiantil me aburro fácilmente.- Y tras meditarlo en no más de tres segundos digo- Pensándolo bien quiero trabajar.

-Bien, yo te consigo algo.

A mi amiga que conversaba de que le faltaba trabajo le saqué burla por lo fácil que me resultó.

frutasyverdurasEsto fue un día viernes y al domingo, en medio de esas siestas necesarias para que el aburrido día pase más rápido, suena mi celular advirtiéndome en un mensaje de texto que a la mañana siguiente debía entregar una foto y un curriculum en un lugar determinado, lo hice y en dos semanas quedé trabajando. Me saltaré toda la parte burocrática en conseguir los papeles que requería la empresa, pero les aseguro que esa historia se merece un post aparte ya que está lleno de pensamientos y reflexiones tales como “¿Este papel weon sale tan caro?” y “¿Cómo chucha saben los milicos el lugar en donde yo vivo?”.

Mi primer día de trabajo junto con los siguientes consisten en nueve horas los días sábados, domingos y festivos, mis compañeros son simpáticos y el trabajo hasta ahora resulta fácil; solo hay un gran pero y es la merma, la cantidad de fruta y verdura que no se usa es tanta que simplemente me apena que vayan a parar a la basura, cosas que por lo demás yo mismo compraría y no descartaría por una pequeña manchita. He aprendido varias cosas a lo largo de los días trabajados, y no esas cosas bobaliconas como el trabajo en equipo, la amistad o el amor, no, cosas útiles como ese liquido que les ponen a las cajas de los plátanos, aparte de tener olor a pies hediondos es cancerígeno, y ya el plátano de por si es radiactivo, la adrenalina me corre a full cuando repongo las cajas del fruto, otra cosa aprendida es la correcta posición para levantar cajas pesadas, en un principio lo hacía mal pero cuando uno aprende la espalda de uno lo agradece, y nunca se sabe cuando halla que levantar cosas pesadas.

Una anécdota me sucedió en el primer día de trabajo, estaba en la balanza pesando y poniéndo el precio a los clientes cuando una mujer joven, de unos veinte y siete años de edad, me dice que cuando termine la cola quería hablar conmigo. Admito que pensé muchas cosas, una más pervertida que la otra, pero resultó ser así:

-Sabe…

-Dígame.

-Quisiera consultarle una cosa… pero no se lo diga a nadie.

-Pregunte no más.

-¿Sabe donde puedo dejar mi curriculum? Estoy cesante.

En ese momento mis expectativas eróticas disminuyeron y habló un Ariel cuasi-paternalista.

-Por detrás del supermercado, en un puesto de guardias. ¿Pero sabe? Y así entre nos… consígase un pituto (1), este es mi primer día de trabajo y yo conseguí esto así, si no tiene a alguien es bien difícil, bueno, acá y en casi todos lados.

La muchacha me miró con los ojos bien abiertos, probablemente no esperaba tanta franqueza de mi parte.

-Está bien, entiendo y discúlpeme…

-Pero no pierde nada con intentarlo.

-No sé preocupe, gracias de todos modos.

Me dejó pensando la mujer. Y eso, cualquier cosa o anécdota digna de ser relatada no tengan duda que las plasmaré acá. Y sí, en mi familia me molestan ya que soy “El Verdurero”. Sigue leyendo

Entrada en estado etílico

Ahora estoy ebrio y mis compañeros de lo único que hablan es de fútbol. Sé que estoy ebrio por la sencilla razón que fui al baño y apoyé mi cabeza en la muralla a la hora de orinar. Fui al balcón del departamento en el que me encuentro, escucho a mis amigos discutir y discutir de fútbol, me fumo tres cigarros al hilo y los que me conocen sabe que solo fumo si estoy realmente ebrio.

Veo la Avenida Argentina desocupada, en mi mente solo pienso en la soledad que abraza Valparaíso de noche, los ruidos de mi gente hablan de equipos, goles, selecciones y cual es mejor, temas de los que soy ignorante completamente, lo que me cuestiono el por qué cresta no me gusta el fútbol y a la larga no me importa. Creo que un hombre es capas de subsistir sin que le guste el fútbol.

Es interesante que a la hora de escribir esto no me preocupe de como está redactado esto, ni de que se trata realmente, de si estoy ebrio o si los de más hablan de solamente fútbol.

Independiente de todo solamente me limito en este instante a sonreír.