Estaba un estudiante de periodismo en vacaciones meditando cuando de repente tocan a su puerta. Se levanta del wáter, no sin antes limpiarse, y abre la entrada de su morada.
- Buenas tardes, queremos compartir la palabra del Señor.
- Me parece, quiero hablar del valor de la humildad.
- ¿La humildad? Jesús gracias a su humildad salvó a toda la humanidad.
- Disculpe, pero proclamarse “Hijo de Dios” es lo menos humilde que un hombre puede decir.
Acto seguido, el amargo estudiante se despide educadamente, dando a entender que estaba por hacer algo de suma importancia, aunque sea mentira, no sin antes decirse a si mismo:
- No conozco a ningún hombre que haya cambiado el mundo siendo humilde, weones.
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Los humildes ni se preocupan por serlo.
Saludos.