Hace casi un mes estoy trabajando en un supermercado de mi ciudad. Todo comenzó mientras hablaba con dos amigos a la vez, una me decía que no podía encontrar trabajo y el otro que trabajaba mucho y no le alcanzaba para lo que el quería, por cosas que hasta el día de hoy me cuestiono le pregunté a mi amigo asalariado si era muy difícil entrar a trabajar en el supermercado.
-¿Necesitai trabajo?- me dijo, podía leerlo incluso como preocupado.
-No realmente… solo curiosidad.
-Bueno… sí, es complicado, y si no es con pituto (1) lo es más… ¿Pero estas necesitado de plata?
-No… O sea con esto del paro estudiantil me aburro fácilmente.- Y tras meditarlo en no más de tres segundos digo- Pensándolo bien quiero trabajar.
-Bien, yo te consigo algo.
A mi amiga que conversaba de que le faltaba trabajo le saqué burla por lo fácil que me resultó.
Esto fue un día viernes y al domingo, en medio de esas siestas necesarias para que el aburrido día pase más rápido, suena mi celular advirtiéndome en un mensaje de texto que a la mañana siguiente debía entregar una foto y un curriculum en un lugar determinado, lo hice y en dos semanas quedé trabajando. Me saltaré toda la parte burocrática en conseguir los papeles que requería la empresa, pero les aseguro que esa historia se merece un post aparte ya que está lleno de pensamientos y reflexiones tales como “¿Este papel weon sale tan caro?” y “¿Cómo chucha saben los milicos el lugar en donde yo vivo?”.
Mi primer día de trabajo junto con los siguientes consisten en nueve horas los días sábados, domingos y festivos, mis compañeros son simpáticos y el trabajo hasta ahora resulta fácil; solo hay un gran pero y es la merma, la cantidad de fruta y verdura que no se usa es tanta que simplemente me apena que vayan a parar a la basura, cosas que por lo demás yo mismo compraría y no descartaría por una pequeña manchita. He aprendido varias cosas a lo largo de los días trabajados, y no esas cosas bobaliconas como el trabajo en equipo, la amistad o el amor, no, cosas útiles como ese liquido que les ponen a las cajas de los plátanos, aparte de tener olor a pies hediondos es cancerígeno, y ya el plátano de por si es radiactivo, la adrenalina me corre a full cuando repongo las cajas del fruto, otra cosa aprendida es la correcta posición para levantar cajas pesadas, en un principio lo hacía mal pero cuando uno aprende la espalda de uno lo agradece, y nunca se sabe cuando halla que levantar cosas pesadas.
Una anécdota me sucedió en el primer día de trabajo, estaba en la balanza pesando y poniéndo el precio a los clientes cuando una mujer joven, de unos veinte y siete años de edad, me dice que cuando termine la cola quería hablar conmigo. Admito que pensé muchas cosas, una más pervertida que la otra, pero resultó ser así:
-Sabe…
-Dígame.
-Quisiera consultarle una cosa… pero no se lo diga a nadie.
-Pregunte no más.
-¿Sabe donde puedo dejar mi curriculum? Estoy cesante.
En ese momento mis expectativas eróticas disminuyeron y habló un Ariel cuasi-paternalista.
-Por detrás del supermercado, en un puesto de guardias. ¿Pero sabe? Y así entre nos… consígase un pituto (1), este es mi primer día de trabajo y yo conseguí esto así, si no tiene a alguien es bien difícil, bueno, acá y en casi todos lados.
La muchacha me miró con los ojos bien abiertos, probablemente no esperaba tanta franqueza de mi parte.
-Está bien, entiendo y discúlpeme…
-Pero no pierde nada con intentarlo.
-No sé preocupe, gracias de todos modos.
Me dejó pensando la mujer. Y eso, cualquier cosa o anécdota digna de ser relatada no tengan duda que las plasmaré acá. Y sí, en mi familia me molestan ya que soy “El Verdurero”. Sigue leyendo →
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